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La razón por la que hacemos todo lo que hacemos, es simplemente, para ser más felices. Vivimos en la búsqueda constante de ese codiciado tesoro; intentamos por aquí, buscamos por allá, compramos esto, comemos lo otro, en fin. Sólo que mientras no seamos conscientes de cual es el mapa adecuado, siempre sentiremos ese hueco, tendremos la sensación de que "algo" falta.
¿Qué es para ti la felicidad?, ¿lo has pensado? Al preguntar esto a través de Twitter, recibí una gran variedad de respuestas, como: "La felicidad es tener seguridad económica", "Tener salud", "Ver la sonrisa de mis hijos, "Es algo que tienes que buscar toda la vida", "Sentirte amado", "Encontrar a mi pareja ideal", "Sacarme la lotería", "Es algo que sé que tengo, pero temo encontrar". Cada uno tenemos nuestro propio concepto.
Bien vista, la "felicidad" es sólo una palabra que intenta descifrar, apuntar, explorar o tocar lo que todos anhelamos. Sin embargo, curiosamente, es un tema del que no hablamos; a la par, nos dejamos llevar por los tristes acontecimientos que dominan nuestro panorama actual, sin percatarnos de que es una forma de cultivarlos, de reforzarlos y no de solucionarlos.
Es por eso que estoy convencida de que el simple hecho de hablar de la felicidad, de traerla a la mesa, provoca que reflexionemos sobre ella, y quizá de esta manera, la entendamos, nos acerquemos más a ella, la vivamos, y así construyamos una forma de defensa, a través de crear nuestro propio castillo en medio de la tormenta. ¿Supervivencia? Tal vez…
Una forma de entender la felicidad es a través de comprender lo que no es. Comparto contigo algunas de las percepciones equivocadas al respecto. La felicidad es:
El tesoro de la verdadera felicidad siempre ha estado, está y estará aquí, dentro de nosotros. No hay que buscarla, merecerla, ni pensarla. Es nuestra naturaleza. Está en el ser, en el alma, en el espíritu, como quieras llamarle. Y ésta no va y viene, lo que va y viene es nuestra percepción. La forma de acceder a ella es estar más presentes. Darle la bienvenida, reconocerla y aceptarla.