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¿Por qué es tan difícil cambiar? (2da parte)

Por: Gaby Vargas, el 11-Oct a las 10:00:00

Como el perro de Pavlov, no puedo resistir la tentación. Por más concentrada que me encuentre trabajando…

¿Por qué es tan difícil cambiar? (2da parte)

Como el perro de Pavlov, no puedo resistir la tentación. Por más concentrada que me encuentre trabajando en algún texto o investigando algún tema; en el momento que escucho el sonido que avisa que un mail entró a mi celular o computadora, siento en el estómago la misma sensación que me dominaba de niña al abrir los sobrecitos de las estampitas coleccionables, las cuales compraba en la tiendita para completar mi álbum. Es la recompensa de la gratificación inmediata.

Por eso es tan difícil cambiar un hábito, no importa si se trata de comida, alcohol, cigarro, sexo, ejercicio, droga o internet. "La adicción a estar conectado causa en el cerebro los mismos disparos de dopamina que veo en los adictos a la cocaína cuando piensan en alguien que está high por el consumo", afirma la doctora Nora Volkow del National Institute on Drug Abuse. Cambiar un hábito "es pelear contra uno de los sistemas neurológicos más fundamentales del cerebro." Piénsalo: "Si diseñaras una especie animal y quisieras estar seguro de que realizara funciones de supervivencia –como comer y reproducirse–, seguramente crearías un sistema en el que tales funciones le proporcionaran placer, así querría repetirlas. Entonces, harías que la dopamina asegurara que esas conductas fueran automáticas. En realidad es brillante."

¿Habrá alguna manera de engañar al cerebro para que segregue dopamina?

Ahora, ¿qué pasa si tú o yo queremos crear un hábito para tener una vida más saludable como hacer que nos guste consumir más ensaladas, brócoli o practicar algún tipo de ejercicio? "El secreto es pensar en recompensas", dice Volkow. Por ejemplo, si después de hacer ejercicio o comer sano te das un pequeño premio, como comerte un chocolate, darte un masaje o comprarte unos zapatos si cumpliste durante toda la semana, tu cerebro registrará ese gusto y enrolará la práctica al círculo de la dopamina para que la asocies a la experiencia positiva ayudándote a formar un hábito.

Sólo que –como sabemos bien– cambiar un hábito no es como cambiarte de ropa; es más parecido a aprender un idioma. Se necesita estar decidido y repetir el nuevo hábito al menos durante una tres semanas para que la conducta se haga automática. Basta tantita duda o falta de convencimiento, para que sea muy fácil regresar a la zona cómoda. Además, es importante evitar encontrarte con las cosas o el ambiente que te estimulan para volver a tus viejas costumbres. Como esos factores no desaparecerán, la recompensa del nuevo hábito debe ser más fuerte.

Cuando mi hija mayor anunció que se casaría, la vanidad y el vestido me hicieron bajar cinco kilos de peso. Como señora de camión, me fui acomodando en la siguiente talla sin darme cuenta. Dejé los postres, chocolates, panes y demás; aunque en un principio me costó mucho trabajo, poco a poco comencé a recuperar ese olvidado placer que da estar delgada.

El gozo de sentir la ropa floja, que el cinturón no me apretara, como tampoco el tiro de los pantalones, hicieron que recuperara la autoestima, que caminara más erguida, que me gustara verme en los espejos y que psicológicamente me sintiera muy bien. Y para no volver a caer en la tentación de subir de peso, un día llevé a un sastre toda mi ropa para que la ajustara a mi nueva talla. No dejé ni un solo "por si engordo". Nada.

Ese gusto por sentirme cómoda dentro de mí cuerpo, fue el premio psicológico que estimuló la producción de dopamina –ahora lo comprendo–,y me ayudó a formar nuevos hábitos de ejercicio y alimentación que perduran hasta la fecha.

¿Qué y cuáles serían los premios que te inspirarían para cambiar un hábito? Te invito a que te lo preguntes…

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