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Por: Gaby Vargas, el 02-Aug a las 11:00:00
"¡Pon atención!" ¡Ah!, cómo escuché de chica esa frase. Puedo asegurar que fue la que con mayor frecuencia me dijeron todos los adultos que tuvieron que ver con mi formación.
"¡Pon atención!" ¡Ah!, cómo escuché de chica esa frase. Puedo asegurar que fue la que con mayor frecuencia me dijeron todos los adultos que tuvieron que ver con mi formación. "Gaby, ¡pon atención!" En el salón de clases, en la casa, cruzando la calle, haciendo mi tarea, en fin. Nunca me cayó bien escucharla; mi mente era mucho más feliz divagando en otros mundos divertidos y fantasiosos que atendiendo la clase de historia, o repitiendo el poema o las tablas de multiplicar que me habían dejado aprender de tarea. Claro que esa falta de atención me costó cientos de regańos y castigos.
Hoy, como adulta, me sigue costando mucho trabajo concentrarme en lo que hago. Es común que me sucedan cosas como llegar a mi casa sin saber cómo llegué; o volverme a tomar las vitaminas habiéndomelas tomado en la mañana; incluso, marcar el teléfono y ¡ya no recordar a quién le marqué! al escuchar el sonido que llama. Mi mente está en otro lado, anticipando el siguiente momento, los quehaceres del día posterior o el viaje más próximo. El caso es que siempre he vivido una lucha campal por estar presente en el momento en el que de hecho estoy.
Recuerdo que cuando de chica veía a mi abuela o a mi mamá detenerse frente a una jacaranda y asombrarse de su belleza, pensaba: "¡En qué cosas tan aburridas se fijan los adultos!" Hoy me doy cuenta de que lo que hacían, simplemente, era poner atención. El detenerse a reconocer la belleza, no importa si se trata de un árbol, una flor o una puesta de sol, es una manera de despertar y apreciar no sólo aquello que admiras, sino aquello que es, al mismo tiempo, tu esencia misma.
Eckart Tolle, en su libro A New Earth, dice al respecto: "El primer reconocimiento de la belleza fue uno de los eventos más significativos en la evolución de la conciencia humana. Los sentimientos de gozo y amor están intrínsecamente conectados a ese reconocimiento. Así, sin darnos cuenta del todo, las flores son para nosotros una expresión material de aquello que es lo más alto, lo más sagrado y finalmente intangible dentro de nosotros mismos."
Ignoro si se deba a la edad o a una aspiración de crecer interiormente, pero hoy deseo poner más atención, estar más presente en mi vida. Lo busco, lo investigo y trato de practicarlo. Me consuela leer en el libro de Jon Kabat Zinn que estar presente en la vida diaria es sencillo mas no fácil; y que incluso es una de las cosas más difíciles de lograr. No se trata de alcanzar un estado de perfección que te catapulte a la felicidad; sin embargo, si pones más atención a lo que ves, ves más; si te enfocas en lo que comes, saboreas más la comida; si estas atento a tu cuerpo, te das cuenta cuando él te dice que ya es suficiente; y si contactas y reconoces tus emociones, sientes más.
Si te fijas, todo lo anterior viene de estar consciente y atento a tus sentidos; de aprender a habitar tu cuerpo. Dice Victor Frankl que la conciencia es la antesala a la voz de Dios. Aunque acceder a ella nos resulta complicado pues es algo que no cultivamos. Para lograrlo podemos empezar a observar más la cara de las personas o escuchar realmente su respuesta cuando les preguntamos: "¿Cómo estás?"; a contemplar la expresión de un bebé, ser sensibles a la tristeza reflejada en el rostro de la gente. O bien, detenernos a admirar la jacaranda.
Hoy, sigo en la lucha. No obstante, comprendo que el verdadero sentido de la frase "pon atención", no es más que despertar, respirar y hacernos más conscientes del momento, de los momentos que vivimos y descubrir que somos –o podemos ser– más felices de lo que creemos. Sólo es cuestión de poner atención.
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Comentarios
Que buen artículo
Tienes razón Gaby, es importante estar atenta lo que nos rodea y vivir el presente disfrutando de cada momento.