La felicidad desde otro ángulo II
En la vida cotidiana se habla poco de la felicidad. Basta asistir a una reunión de amigos o conocidos para darnos cuenta…
En la vida cotidiana se habla poco de la felicidad. Basta asistir a una reunión de amigos o conocidos para darnos cuenta de que los temas que prevalecen en la conversación son las preocupaciones de todo tipo, los problemas, las enfermedades y demás. Se me ocurren tres posibles causas de ese comportamiento:
- Por alguna extraña razón preferimos editar de la plática todas aquellas cosas que nos hacen felices. Como si temiéramos que exteriorizarlas nos distanciara de las personas o despertara algún tipo de envidia, recelo o rechazo.
- ¡O peor aún! Si estamos felices, nos sentimos culpables. “Cuando me iba a una fiesta y dejaba a mi mamá enferma en su cama –platica una querida amiga–, sentía una gran culpa al darme cuenta de que estaba muy contenta. ‘¿Cómo puedo estar feliz si mi mamá está tan enferma?, no tengo derecho’, me decía”. Como si su tristeza la ayudara a sanar. “Nunca pude disfrutar nada al 100 por ciento, durante los once años en que mi mamá estuvo mal.
- O bien, al sentirnos felices aparece el pensamiento de que en cuanto esa sensación se desvanezca, “la caída será muy fuerte” y la “vida nos la cobrará”.
Así que por todo lo anterior, preferimos ni mencionarla; por lo que comparto contigo el segundo y el tercer principio del doctor Robert Holden autor del libro Happiness Now:
Sólo al estar contento contigo mismo, estarás contento con lo que haces. Este principio es el punto de partida de todo el tema de la felicidad; e involucra todo lo relacionado con lo que haces y con dónde te encuentras en el mapa del bienestar personal.
El logro puede ser muy sano además de una maravillosa vitamina al ego y al ser, siempre y cuando sea motivado por un sentido, un gozo y un disfrute de lo que haces, sin perder de vista el equilibrio de tu vida personal.
La clave es cambiar la forma en que te ves a ti mismo. Como escribió Immanuel Kant: “Las cosas no son como las vemos, las vemos como somos.”
Sólo al estar contento contigo mismo, estarás contento con los demás. En especial cuando se trata de tu pareja. Porque es común buscar por el mundo entero una pareja con una mejor opinión de nosotros mismos, que la que nosotros tenemos . Y cuando finalmente la encontramos, le pedimos que nos ame, aunque nosotros no nos amemos. Y claro, se convierte en un círculo vicioso, porque mientras no me quiera a mí mismo, será imposible aceptar el amor que otro sienta por mí. ¡Qué paradoja!
Así que la relación que tengas con tu ser, establece el tono para las relaciones que tengas con los demás. Es como verte en un espejo. Esa crítica dura que haces de ti, la proyectas constantemente a los demás. Y sucede que al principio vives una luna de miel con ese nuevo amigo, amante o colega; pero al poco tiempo, la auto crítica aflora y se proyecta hacia fuera, por lo que la relación pronto se enferma.
En cambio, cuando te sientes pleno y felizmente bendecido te olvidas de juzgar a otros; y eres capaz de ver la bondad en el mundo. Creo que todos, en mayor o menor grado, lo hemos experimentado.
Así que el secreto de la felicidad parece estar en entender que ésta se encuentra en nosotros, en la aceptación, en darnos atención, apapacho, reconocimiento y sobre todo, en darnos cuenta de que “nada nos falta”.
Es hasta que en verdad creamos que merecemos ser felices, dejaremos de cuestionar, controlar o esconder la felicidad.
La felicidad no es sólo la ausencia de problemas; la felicidad es el poder que te ayuda a sanar tus problemas.




