El Kamasutra (Primera parte)
Siempre había imaginado que el Kamasutra era sólo un manual de trucos y posiciones amorosas.
Siempre había imaginado que el Kamasutra era sólo un manual de trucos y posiciones amorosas, por demás creativas, que retaban las leyes de la lógica y la gravedad. Hasta que un día tomé un curso sobre el tema con mi querido amigo y maravilloso maestro, Enrique Bonavides.
Supe entonces que en el texto ancestral los dibujos eróticos sólo son 10 por ciento del contenido. Al analizar el 90 por ciento restante de ese libro maravilloso –escrito en la India entre el siglo I y el VI a.C.–, lo encontré tan actual, tan sutil, tan erótico y tan aleccionador, que me pareció que su lectura debería ser obligatoria para todas las parejas que desean contraer matrimonio, e indispensable para las que ya cumplieron varios aniversarios.
El Kamasutra dice que antiguamente los hombres y las mujeres creían necesitar tres cosas fundamentales para ser hombres y mujeres verdaderos: un “Dharma” o camino a seguir, un “Artha”, el bienestar material para poder lograrlo y un “Kama” que asegure el amor y la transmisión de la vida.
En el Kama, hay 64 artes que enseñan a la mujer, no sólo a ser una buena esposa, sino a ser también una mujer habilidosa, divertida, comprensiva, refinada, sensual, bella e inteligente.
En la India se decía que cuando los dioses crearon al ser humano, concibieron 10 niveles en los que les sería posible disfrutar el amor; uno de ellos se lo dieron al varón y nueve a la mujer. Además, a la mujer le otorgaron la sensibilidad, los sentimientos, la intuición, la comprensión, entre otras cualidades. Por ende, la mujer es la que tiene la capacidad para enseñar al hombre cómo amar.
Es por eso que las mujeres son las encargadas de transmitir el arte del amor. Las abuelas, madres, tías o cuidadoras comunicaban su don a las jóvenes, con tal de enseñarles a hacer felices a sus futuras parejas y a sí mismas.
A continuación comparto la filosofía de algunas de las 64 artes del Kamasutra:
- En el Kama se dice que uno de los elementos fundamentales es el tiempo. El hombre se toma un espacio y un tiempo totalmente diferente al de la mujer. Se considera que el hombre, al vivir de prisa, olvida que está vivo. En cambio, la mujer vive a través de la lentitud. Por ello, cuando de hacer el amor se trata, para un hombre es muy fácil tener lo que ahora se conoce como un “rapidín”; mientras que la mujer necesita tiempo, lentitud y calma; requiere todo un preámbulo para entregarse a ti en la intimidad y para que tú te entregues a ella. Lo cual le implica encontrar ese tiempo para estar contigo.
- Una mujer debe saber extraer la música más hermosa de un instrumento. La idea no es que la mujer sepa tocar el instrumento al casarse, no; sino que comprenda que ella misma es el instrumento. La madre le dice a la hija: “Mira hija, tú eres un sitar con un valor absoluto, tienes la capacidad de sacar de ti notas extraordinarias, por lo que el hombre que escojas debe ser un virtuoso. Si permites que cualquier tonto te toque, jamás obtendrás las notas verdaderas. En cambio, si tratas de acercarte a alguien para convertirlo en virtuoso a través de la relación y de la comprensión, escucharás la melodía más delicada y brillante de ese sitar.”
- La mujer es la que debe enseñarle al hombre el arte de la caricia. En un momento determinado, te puede marcar, dibujar o hasta tatuar. Es diferente acariciar con la palma, a hacerlo con las yemas o con las uñas. Saber cómo y cuándo presionar, y cuándo no, debe ser parte de su arte. Una caricia perfecta, va acompañada del tiempo y el espacio, no se dirige a un lugar del cuerpo, sino a un momento apropiado. La mujer debe tener la sensibilidad para tomar al hombre de la mano y decirle: “Permíteme tantito…”, y así guiarlo.




