¡A la basura!

“¡No puede ser!”, enojada arranco con fuerza la hoja y la arrugo para lanzarla al bote de basura. Son las 11:30 de la noche y todavía tengo puesto el uniforme del colegio; llevo largo tiempo sentada frente a la máquina de escribir portátil Olympia. Tecleo la tarea de mecanografía con todo cuidado. Dos horas más tarde, el basurero rebosa papeles como si fueran palomitas de maíz.

Recuerdo las exigencias de Miss Meche, nuestra maestra en el Colegio Oxford, quien no permitía un solo error en las tareas de mecanografía. Ella y sus alumnas ignorábamos que nos preparaba para la llegada de las computadoras –¡cómo se lo agradecemos ahora!

Es por eso que una de las funciones que más aprecio de una computadora, IPad o celular es el icono del basurero o el botón para borrar o eliminar. A cualquier joven de hoy le parecería increíble que eliminar una letra, palabra o idea de un papel, antes era simplemente ¡imposible! Hoy es algo tan sencillo que olvidamos que no siempre fue así.

¿Por qué viene a cuento todo esto? Porque hay ocasiones en las que a la manera de un Ipad, imagino tener el icono de un basurero en el cerebro, al cual poder enviar ciertas circunstancias que quisiera no haber visto o escuchado.

Es un hecho que la rutina nos lleva de la mano y en lo cotidiano andamos con la guardia baja. Esto provoca que el cerebro esté en “modo automático” y que, sin percatarnos, permitamos que le entre todo tipo de información, en ocasiones “tóxica”, que ocupa espacio en nuestra mente y que impacta nuestro estado de ánimo y nuestra salud. A esto, los científicos le llaman atención objetiva.

Por lo anterior, te invito a tener una atención subjetiva, es decir, a estar atento, consciente de aquello que permea tu mente, tu estado de ánimo y tu salud.

Haz la prueba. Cuando te encuentres en alguna situación que te provoque rechazo o incomodidad, y que sea negativa e innecesaria y que te lleve a preguntarte: “¿Ahora qué hago con esta revelación? ¿En qué parte de mi cerebro la guardo? ¿Para qué vi esto?”, con una amable sonrisa en la cara finge interés, mientras mentalmente visualizas que oprimes el icono del botecito, y que éste succiona todo lo indeseable hasta que desaparezca. ¡Es tan liberador!

¿Te imaginas que también el bote succione, por ejemplo, el pasado, un mal recuerdo, una mala vibra, el rencor o todo lo que sea tóxico para ti?, al estilo Carlos Castaneda, cuando dice: “Un día decidí que mi pasado ya no me servía y, como el alcohol, lo dejé”. ¡Qué maravilla!

Por todo lo anterior te invito a pulsar el icono y a decir: “¡A la basura!”:

 

En casos como estos grita con fuerza: “¡A la basura!”. Así le darás lugar a todo aquello que te nutre, te hace sentir bien, te conecta, te engrandece y te hace crecer.