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La energía de la gente

Por: Gaby Vargas, el 15-Nov a las 10:24:00

Eran las once de la noche cuando programé el despertador para que sonara en punto de las cinco y media… La energía de la gente

Eran las once de la noche cuando programé el despertador para que sonara en punto de las cinco y media de la mañana, debía abordar el avión rumbo a Guadalajara a las siete en punto. Ahí daría una conferencia ante diez mil mujeres en el evento Retos Femeninos.

Con poco tiempo para dormir tenía que aprovechar cada minuto. Sin embargo, esa mujer perfeccionista y odiosamente responsable que habita dentro de mí –producto de mi educación en el Colegio Oxford–, provocó que a partir de las tres y media de la mañana comenzara a revisar el despertador para asegurarme de que no fuera a quedarme dormida. "No vaya a perder el avión…", me decía, "pero tengo que dormir; me espera un día extenuante". Pues nada.

No sé si era el nervio de presentar por primera vez una conferencia nueva ante ¡diez mil mujeres! Sé que nadie en sus cabales estrena conferencia ante un auditorio de esa magnitud. Sin embargo, eso lo decidió la otra parte de mí que es absolutamente irresponsable y se lanza sin medir las consecuencias, confiando en que las estrellas le brindarán su apoyo. Cosa que no siempre sucede. El caso es que desde las tres y media de la mañana no cerré el ojo. Hecha una sonámbula, me bañé y a pesar de que salí con una hora de anticipación, tuve que correr, arrastrando maleta de mano, computadora, bolsa y abrigo. Aún así, apenas llegué a tiempo para tomar el avión.

Entonces sí estaba preocupada. Sin dormir, estresada y sin haber dado jamás la conferencia; "bonito ridículo voy a hacer", pensaba.

Sin tiempo para descansar, llegó la hora de impartir la conferencia. Antes de entrar al escenario le pedí a Dios que me iluminara para hacerlo lo mejor posible y dejar un mensaje positivo entre las asistentes. Estoy convencida de que el cariño y la energía de la gente te alimentan de una manera misteriosa y te hacen regresarle lo mejor de ti. Y como mi cerebro no es nada confiable, y suele olvidar una serie de datos importantes, decidí dar la plática con el corazón; el cual nunca olvida lo importante.

Como suele sucederme en casos similares y ante auditorios tan impresionantes –mismos que sólo en apariencia domino–, al término de la conferencia y al cruzar la cortina del escenario, además de estar helada, como si la temperatura ambiente fuera de tres grados bajo cero, todo mi cuerpo temblaba de pies a cabeza. Lo mismo me sucedía minutos después del nacimiento de mis hijos. Es una sensación especial, plena, incómoda e incontrolable. Como si el cuerpo se hubiera desprendido y regresara reclamando su lugar.

Agradecí infinitamente que, como siempre, me esperara tras bambalinas, Lilia Sánchez Alcántara, una de las organizadoras, quien de inmediato me tomó de la mano como a una niña y me llevó a los camerinos. Bebí un poco de agua, y sin tener tiempo para darme un respiro, me llamaron a la firma de libros. Con todo el cuerpo dolorido, después del estrés y la falta de sueño, era un verdadero trapo.

A las diez de la noche, al término del evento, sonó mi celular para avisarme que al día siguiente saldríamos por carretera rumbo a Colima a las ocho de la mañana, donde daría otra conferencia. Al mismo tiempo, Sylvia Sánchez Alcántara, organizadora y amiga, ¡me pidió que la acompañara a cenar con los patrocinadores de la conferencia de Guadalajara! ¡No! Pues precisamente "no", es lo que no me dejó decirle. Me acosté a las doce y media de la noche, con el alma desprendida del cuerpo, pero feliz. Como siempre, me doy cuenta de que es el cariño y la energía de la gente lo que le da un sentido a mi trabajo. Gracias Guadalajara…

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