No lo dude…

En toda empresa y país existen historias de la gente de a pie de las cuales los altos mandos nunca se enteran…

En toda empresa y país existen historias de la gente de a pie de las cuales los altos mandos nunca se enteran, pero que si se les prestara atención se convertirían en el mejor faro para la toma de decisiones. Ojalá esta que les narro a continuación la leyera el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, para que de alguna manera sirviera para ampliar el panorama que tiene, quizá presionado por algunos intereses comerciales.

Los niños no conocían lo que era la fruta más allá del plátano, nunca habían visto un yogurt, un yakult, no conocían la granola”, me contaron Cynthia, Vane y Nilma Canul Dzul, tres hermanas jóvenes de origen maya, que motivadas por las recomendaciones alimenticias de la SEP, se animaron a concursar con un menú nuevo y sano para obtener la concesión de la cooperativa de una pequeña escuela rural situada en Tres Reyes, Quintana Roo.

Orgullosas, las hermanas se arrebataban la palabra para contarme que es el segundo año que trabajan ahí y cómo, después de ocho meses de platicar con los papás, de darles a los niños pequeñas probadas de comida sana, de pegar información en los pasillos de la escuela sobre lo poco nutritivo que son las sopas instantáneas, los refrescos, las frituras y la comida chatarra, cambiaron poco a poco los hábitos alimenticios de los niños. “Los maestros nos dicen que antes los niños faltaban mucho por dolores de panza y ahora ya no.”

Además, la iniciativa ha significado para ellas una buena fuente de ingresos, pues la escuela les cobra una renta de 150 pesos diarios y ellas ganan entre 900 y 1500 pesos al día con la venta de jugos de naranja, arroz con leche, licuados, huevos, banderillas de salchicha, zanahorias, jícama y pepino con chile y demás alimentos que preparan con higiene dentro de las instalaciones.

“¿Qué les motivó a iniciar este negocio?”, les pregunté. “Mis sobrinos estudian ahí y nos dimos cuenta de que la cooperativa sólo les ofrecía frituras, dulces y refrescos como alimento. Además, muchos de los niños llegan a la escuela sin desayunar, porque algunos papás prefieren vender los paquetitos de leche, avena o las galletas que la SEP les ofrece para los niños a dos pesos. Así hacen negocio.”

Qué orgullosa me sentí de las tres jóvenes emprendedoras que colaboran para que esos niños tengan mejor salud y, sobre todo, mejor desempeño escolar. Y qué tristeza me dio leer en el diario Reforma del 11 de enero, que la SEP se está echando para atrás con esta gran iniciativa de restringir la venta de comida chatarra. Si se siguiera el ejemplo de la escuela Lauro Aguirre Espinoza, se podría atacar de raíz el problema de obesidad y la tremenda desnutrición que padecemos en el país.

Como mexicana me deja muy preocupada enterarme de que de todo el mundo ¡somos el país que más ha crecido en sobrepeso! En la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2006, vimos que el sobrepeso y la obesidad afectaban a cerca de 70% de la población, cuando sólo en 1993, ese porcentaje era de 21.5%, y la tendencia asciende de manera alarmante.

Además, de acuerdo con la Secretaría de Salud, el gasto asociado a temas de sobrepeso y obesidad representa 10% de su presupuesto total; y de no atacar los orígenes, en 20 años no habrá cantidad que alcance para atender este grave problema.

Sr. Alonso Lujambio, no lo dude, tomemos el ejemplo de estas tres jóvenes del sureste para replicarlo en todas las escuelas del país. ¿Se imagina? No sólo sería bueno para la economía, sino para la salud de los niños, para su desarrollo cognitivo y físico, y de paso, para el país.